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Jornada Mundial de la Juventud: Santa Casa contribuye a una semana histórica

Lo que debes saber

La Jornada Mundial de la Juventud en Portugal no sólo fue especial para los peregrinos. También fue especial para Santa Casa da Misericórdia de Lisboa que se unió al megaevento y proporcionó un conjunto de acciones para acoger a los miles de ciudadanos de todo el mundo que llegaron al país.

La mañana del primer día de agosto comenzó con calma, en el tiempo y el espacio de Largo Trindade Coelho. A primera hora de la mañana, cientos de peregrinos ya circulaban por el lugar, sosteniendo con orgullo las banderas de sus países, algunos cantando, otros más silenciosos, pero todos unidos por el propósito de celebrar este encuentro planetario.

Allí ya estaban preparadas no sólo las diversas estructuras de apoyo a los visitantes, sino también los equipos de voluntarios de Santa Casa. Allí, en Largo Trindade Coelho, y en varios otros lugares de Lisboa.

Casi 70 trabajadores de la institución ofrecieron desinteresadamente su tiempo para esta misión. ¿Cómo? Acogiendo a los peregrinos de diversas formas, desde ayudando a organizar los distintos actos y actividades programados, hasta realizando tareas tan diversas como facilitar información variada, limpiar espacios o simplemente ayudar a traducir alguna que otra palabra o expresión de más difícil comprensión.

Atención a la discapacidad y la salud

Para llegar a todos, Santa Casa prestó especial atención al proyecto de accesibilidad “Atención a la Discapacidad”, basado en tres perspectivas: la formación de voluntarios para el apoyo a plataformas de movilidad reducida, la dotación de equipamientos de apoyo -con el préstamo de 50 sillas de ruedas, 40 bastones y diez rampas telescópicas a la organización Jornada- y la contribución de tres técnicos Valor T en áreas específicas de discapacidad.

La intervención de Santa Casa fue también en el área de la salud, organizada conjuntamente entre sus servicios y el equipo de la Jornada Mundial. Para ello, se pusieron a disposición tres Unidades Móviles de Salud de Santa Casa: una en el Largo Trindade Coelho, hasta el 4 de agosto, otra en la Quinta das Conchas, los días 1 y 2, y la tercera en el Parque Tejo, el día 6. Este último tenía como objetivo principal ayudar a los participantes a salir después de la misa de ese día.

En todos ellos, los peregrinos podían (y pudieron) contar con un médico, un enfermero, un psicólogo y un conductor para ayudar en primeros auxilios, suministro de medicamentos sin receta y material informativo sobre salud, apoyo psicológico y derivación a atención diferenciada en caso de necesidad.

A primera hora de la mañana del día 1, por ejemplo, dos personas tuvieron que ser asistidas en la Unidad Móvil de Largo. No eran situaciones preocupantes, pero requerían alguna intervención, que fue realizada con prontitud por el equipo de apoyo.

Emoción, compartir, esperanza, amor… y cariño

El lunes en Largo Trindade Coelho fue una avalancha de gente, pero también de desafíos. Uno de ellos (no tan relevante, seguramente, como todos los demás) fue una verdadera prueba para los conocimientos de geografía de los que pasaban por allí. Y es que la diversidad de banderas era tal que resultaba difícil entender a qué naciones pertenecían.

España, Brasil, Francia, Italia y Bélgica eran colores y combinaciones relativamente familiares. Taiwán, Filipinas, Guatemala, El Salvador… no eran tan conocidas.

Pero esta diversidad -de países, lenguas, colores, culturas, civilizaciones- es al mismo tiempo lo que une a los miles de personas que han recorrido miles de kilómetros, hablando todos el lenguaje universal del amor.

Esta era al menos la palabra que más se oía a los peregrinos que pasaban por la plaza: “es muy emocionante poder participar en este Viaje y compartir estos momentos únicos de amor y esperanza”. O “estar aquí es la realización de un sueño. Poder repartir alegría y amor entre todos es una gran alegría”.

Este fue también el mensaje que Santa Casa de Misericórdia de Lisboa quiso transmitir y compartir al asociarse a la Jornada Mundial de la Juventud 2023. En palabras de la proveedora de la institución, Ana Jorge, “vale la pena creer en el futuro. Lo hacemos todos, los mayores y los más jóvenes. Si tenemos esperanza y estamos mucho más cerca unos de otros, más humanos, creemos que es posible que la paz llegue a nosotros. Todo depende de la voluntad y la resistencia de cada uno y cada uno puede trabajar en lo que es capaz de hacer. Si lo hace bien, tenemos esperanza en el futuro”.

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